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En Bolivia y Perú se cultiva cerca del 85% de la producción mundial de hoja de coca. Aunque la coca es un cultivo milenario íntimamente relacionado con la cosmovisión andina, en los años 80 la caída en picado de materias primas como el café o el cacao en los mercados internacionales, dominados por las grandes Empresas Transnacionales, disparó la extensión de las plantaciones de coca. Un bálsamo contra el hambre para miles de campesinos. |
En el recinto penitenciario de varones de San Antonio en Cochabamba, el 80% de la población reclusa está relacionada con delitos de narcotráfico. La mayoría de ellos son campesinos acusados de pisacocas –jornaleros que trabajan en laboratorios clandestinos de extracción de pasta base de cocaína–. Una media de 350 internos se hacina en los escasos 1.200 m² de la superficie del penal. Las 90 celdas disponibles se venden entre los presos de mayor poder adquisitivo, los precios oscilan entre los 650 y 2.500 dólares, aunque la mayoría duerme en el suelo. |
| En las altas tierras y en los valles andinos de Bolivia, Perú y Ecuador viven unos 15 millones de indios Qhiswa y Aimara. Herederos de las altas civilizaciones andinas que un día poblaron América del Sur, qhiswas y aimaras, han sobrevivido durante más de cinco siglos a una campaña de subyugación rayana en la masacre legitimada por la ideología racista de la cultura dominante. Pese a los procesos de desestructuración social y aculturación sufridos, estos pueblos no han perdido su identidad ni su conciencia. La victoria del aimara Evo Morales en las elecciones celebradas en Bolivia en el año 2006 lo convierten en el primer presidente indígena de un país andino desde los tiempos de la colonia. Su programa político, de cariz netamente indigenista, es duramente contestado por la élite, de origen blanco o mestizo, que ha gobernado históricamente el país. |