Para muchos emigrantes que han conseguido el sueño de llegar a un país en el que piensan que las cosas les irán mejor, la realidad a veces se convierte en pesadilla. Solos, sin conocimiento del idioma, "sin papeles" que les abocan a la inactividad o a la clandestinidad laboral, deberán empezar a tejer su nueva vida durmiendo en la calle, subsistiendo de la solidaridad de unos pocos, vagando por las avenidas del deslumbrante mundo del consumo. Algunos de ellos serán detenidos y deportados a sus países de origen con la frustración y el drama del fracaso cosechado, otros conseguirán sus objetivos, encontrarán un trabajo que justifique el extraordinario sacrificio que han realizado. |