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El huracán Mitch asoló Centroamérica en octubre de 1998. Sólo en Nicaragua hubo 2.515 muertos, 885 desaparecidos, 867.752 damnificados y más de 36.368 viviendas afectadas. El 60% de la superficie del país quedo incomunicada por tierra: ríos, lagos y lagunas se desbordaron. Comunidades enteras fueron arrastradas o sepultadas por grandes corrientes de agua, arena, tierra y árboles abatidos. Con las carreteras destruidas, sin electricidad ni alcantarillado, y las fuentes de agua contaminadas, las epidemias como el cólera o la leptospirosis se extendieron por gran parte del país. La dimensión que alcanzó el impacto del huracán se explica por la extrema vulnerabilidad y riesgo que en términos sociales, estructurales, sanitarios y ambientales se encuentran extensos segmentos de la población y los territorios que resultaron más afectados. |
| En las altas tierras y en los valles andinos de Bolivia, Perú y Ecuador viven unos 15 millones de indios Qhiswa y Aimara. Herederos de las altas civilizaciones andinas que un día poblaron América del Sur, qhiswas y aimaras, han sobrevivido durante más de cinco siglos a una campaña de subyugación rayana en la masacre legitimada por la ideología racista de la cultura dominante. Pese a los procesos de desestructuración social y aculturación sufridos, estos pueblos no han perdido su identidad ni su conciencia. La victoria del aimara Evo Morales en las elecciones celebradas en Bolivia en el año 2006 lo convierten en el primer presidente indígena de un país andino desde los tiempos de la colonia. Su programa político, de cariz netamente indigenista, es duramente contestado por la élite, de origen blanco o mestizo, que ha gobernado históricamente el país. |